OSEM: cultura a costa de los músicos
Por Angélica Telles Rojas. Con información tomada de la red. Denuncian precarización laboral, intimidación y condiciones inseguras en la Orquesta Sinfónica del Estado de México Estado de México.— Mientras la administración cultural del Estado de México presume una mayor presencia de la Orquesta Sinfónica del Estado de México (OSEM) en municipios y eventos públicos, al interior de la institución crece el malestar por lo que integrantes de la agrupación describen como una política de precarización laboral, presión administrativa e intimidación. Un integrante de la OSEM decidió hacer pública esta denuncia de manera anónima por temor a represalias. En su testimonio señala presuntas irregularidades y decisiones administrativas que, asegura, han deteriorado las condiciones laborales de los músicos y convertido la expansión de la actividad artística en una carga para quienes integran la orquesta. Los señalamientos alcanzan a funcionarios y responsables de distintas áreas, entre ellos la secretaria de cultura del gobierno del estado.Nelly C. G., Moshé D., Rodrigo M., Roberto V. y José U., cuya actuación —según el denunciante— debe ser revisada y esclarecida por las autoridades correspondientes. La presente administración los ha convertido de músicos a burócratas Uno de los principales reclamos es la aplicación de un esquema laboral de 40 horas semanales que, según la denuncia, no toma en cuenta las características particulares del trabajo artístico. El denunciante afirma que este horario incluso entró en conflicto con las actividades docentes de músicos que también se desempeñaban como maestros del Conservatorio del Estado de México, situación que habría terminado en el despido de algunos de ellos bajo el argumento de incompatibilidad laboral. La denuncia cuestiona que una institución artística con décadas de historia sea administrada bajo criterios propios de una oficina burocrática, sin considerar las particularidades de ensayos, conciertos, preparación individual, actividades docentes y traslados. Menos vacaciones, más presión También se denuncia una reducción de los periodos de vacaciones y descanso que tradicionalmente habrían correspondido a los integrantes de la orquesta. Según el testimonio, el periodo fue reducido a 10 días bajo un esquema equiparable al régimen burocrático, mientras que el tiempo restante, que anteriormente correspondía a una etapa de inactividad artística, comenzó a utilizarse para toma de asistencia, actividades administrativas y conciertos extraordinarios. A esto se suma, afirma el denunciante, un cambio en los Formatos Únicos de Movimiento de Personal (FUMP) mediante el cual trabajadores que anteriormente aparecían con plaza general habrían pasado a ser considerados trabajadores de confianza, sin una explicación previa. El cambio, sostiene, habría generado un nuevo mecanismo de presión: el temor a perder el empleo por expresar inconformidad. La orquesta como indicador político La expansión territorial de la OSEM es otro de los puntos cuestionados. La denuncia reconoce que llevar conciertos a distintos municipios constituye un objetivo cultural legítimo y necesario. El problema, afirma, es cómo se está haciendo. El incremento de presentaciones externas habría convertido a la orquesta en uno de los principales instrumentos para mostrar resultados de política cultural ante el gobierno estatal. Pero detrás de esas cifras —sostiene el denunciante— existen músicos que han tenido que presentarse bajo lluvia, frío, calor y exposición directa al sol, en espacios que presuntamente no cuentan con las condiciones adecuadas para proteger su integridad física ni la de sus instrumentos. Y seee está denuncia ciudadana es solo uno de los temas que envuelve a la cultura en el estado de México. Más conciertos no necesariamente significan mejores condiciones culturales. Viajes inseguros Los traslados también son motivo de preocupación. La denuncia describe viajes prolongados en autobuses presuntamente deteriorados, algunos sin sanitarios, con vidrios rotos y supuestas deficiencias mecánicas, incluyendo problemas relacionados con los frenos. El testimonio también acusa conductas irresponsables de algunos operadores. De comprobarse estas condiciones, no se trataría únicamente de un conflicto laboral: estaría en juego la seguridad física de trabajadores que representan a una institución pública en distintos puntos del Estado de México. Los nuevos, los más vulnerables La situación de los músicos de reciente ingreso es señalada como particularmente preocupante. De acuerdo con la denuncia, José U. presuntamente habría negociado con Moshé D. una agenda extraoficial de conciertos vinculados con eventos gubernamentales, en los cuales integrantes de nuevo ingreso tendrían que participar obligatoriamente y sin una remuneración adicional. El denunciante cuestiona además que existieran facultades formales para imponer dichas actividades. Este señalamiento deberá ser esclarecido mediante contratos, órdenes de trabajo, registros administrativos y cualquier otro documento que permita determinar si dichas obligaciones fueron legalmente establecidas. ¿Defender a la orquesta o intimidarla? La denuncia también cuestiona el papel de la dirección artística encabezada por Rodrigo Macías. Según el testimonio, los esfuerzos del director para defender las necesidades de la agrupación frente a la administración no habrían sido suficientes. Paralelamente, se le acusa de haber recurrido a presiones e intimidaciones individuales contra subordinados que expresaban inconformidad. Son acusaciones serias que requieren testimonios y documentación para ser corroboradas, pero forman parte de un patrón que el denunciante describe como un ambiente laboral basado en el miedo. El silencio también es un síntoma El aspecto más preocupante de esta denuncia quizá no sea un concierto bajo la lluvia, un autobús en malas condiciones o una jornada laboral cuestionada. Es que un trabajador de una institución cultural pública asegure tener miedo de decir quién es. Una política cultural no puede evaluarse solamente por el número de municipios visitados, conciertos realizados o indicadores presentados ante el gobierno. También debe evaluarse por las condiciones en las que trabajan los artistas. La descentralización cultural puede y debe continuar. Llevar música sinfónica a comunidades de todo el Estado de México es una tarea necesaria. Pero la cultura no debería construirse sobre la precarización de quienes la producen. La OSEM merece una administración que proteja su patrimonio artístico, pero también a sus músicos. Y los trabajadores merecen poder levantar la voz sin que hablar de sus condiciones laborales signifique arriesgar su empleo. La pregunta ya no es cuántos conciertos puede ofrecer la OSEM. La pregunta es cuánto están pagando sus músicos por hacerlos posibles. Esta versión funciona mejor para nota de medio, comunicado público o publicación de denuncia, porque conserva la contundencia pero distingue entre hechos, testimonios y acusaciones que deben comprobarse.
9/13/20261 min leer
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