ONU: el gran escenario de la diplomacia mundial llega en medio de guerras, tensiones y una batalla por la información
Nueva York.— Con 193 países representados y cerca de 130 jefes de Estado y de Gobierno previstos para tomar la palabra, la Asamblea General de las Naciones Unidas vuelve a convertir a Nueva York en el centro político y diplomático del mundo. Por Angélica Telles Rojas La 81ª sesión de la Asamblea General de la ONU comenzó el 8 de septiembre y su debate general de alto nivel arranca este 22 de septiembre. El lema de este año es “Restaurar la confianza, gestionar la transformación: una Naciones Unidas que cumpla para todos”, una frase que resume uno de los principales desafíos de la organización: intentar mantener espacios de diálogo internacional en un escenario marcado por guerras, rivalidades entre potencias y una creciente desconfianza hacia las instituciones multilaterales. ¿Qué papel tiene realmente la Asamblea General? La Asamblea General es el principal órgano deliberativo, normativo y representativo de Naciones Unidas. Allí están los 193 Estados miembros y cada uno tiene un voto, independientemente de su tamaño, poder económico o capacidad militar. Ese principio convierte al pleno de la Asamblea en uno de los pocos espacios donde Estados Unidos, China, Rusia, México, Brasil, pequeños Estados insulares o países africanos participan formalmente bajo la misma regla de representación. La Asamblea debate asuntos de paz y seguridad, desarrollo, derechos humanos, presupuesto, cooperación internacional y prácticamente todos los temas contemplados por la Carta de la ONU. Sin embargo, existe una diferencia fundamental: la mayoría de las resoluciones de la Asamblea General son recomendaciones y no tienen el mismo carácter jurídicamente vinculante que determinadas decisiones del Consejo de Seguridad. En este último organismo existen cinco miembros permanentes —Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido— con poder de veto. Por eso, la Asamblea General no es un “gobierno mundial”. Su fuerza está principalmente en la representación política, la presión diplomática, la construcción de consensos y la capacidad de colocar determinados problemas en el centro de la agenda internacional. Los protagonistas que llegan a Nueva York La magnitud política de la reunión se refleja en las cifras: Naciones Unidas prevé la participación de 71 jefes de Estado, 45 jefes de Gobierno y 11 vicepresidentes, además de ministros y otros representantes. Entre las figuras que participan están el presidente de Estados Unidos, Donald Trump; el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva; el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan; el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu; el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski; el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, y la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez. También hay ausencias relevantes. El presidente chino, Xi Jinping, no acudirá personalmente y China estará representada por el vicepresidente Han Zheng. El presidente ruso, Vladimir Putin, tampoco viajará a Nueva York y Rusia estará representada por el canciller Sergei Lavrov. Uno de los casos más llamativos es el del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, quien participará mediante videoconferencia después de que Estados Unidos le negara el visado para viajar a Nueva York. Lula abre; Trump continúa Por tradición, Brasil vuelve a abrir el debate general. Después está previsto el discurso del presidente estadounidense Donald Trump, en una jornada que concentra especial atención por el papel de Washington en varias de las crisis internacionales que estarán sobre la mesa. Trump tiene además una intensa agenda diplomática paralela. Según Reuters, tiene previstos encuentros con dirigentes de Reino Unido, Ucrania, Venezuela, Dinamarca y Groenlandia, además de una reunión conjunta con líderes de seis países del Golfo. El conflicto en Irán y la guerra en Ucrania figuran entre los asuntos centrales de sus conversaciones. La diplomacia de la Asamblea General, por ello, no ocurre únicamente dentro del gran salón de Naciones Unidas. Los pasillos, hoteles, embajadas y reuniones bilaterales alrededor de la sede se convierten durante estos días en una especie de capital diplomática temporal del planeta. Hay previstas 1,553 reuniones bilaterales entre delegaciones, además de los encuentros que mantendrá el secretario general António Guterres con distintos dirigentes. La llegada de los políticos: alfombras, caravanas y diplomacia Nueva York cambia de ritmo durante la Asamblea. Las caravanas oficiales, las calles bloqueadas, los vehículos blindados y las comitivas diplomáticas forman parte del paisaje. En las inmediaciones de Naciones Unidas se mezclan presidentes, primeros ministros, cancilleres, diplomáticos, periodistas, policías y equipos de seguridad. Pero detrás de la fotografía oficial existe otra Asamblea: la de las reuniones improvisadas, los encuentros que no aparecen en el programa y las negociaciones que comienzan durante un desayuno y terminan horas después en una cena. La llegada de los dirigentes también funciona como una declaración política. Un presidente que aparece personalmente en Nueva York está enviando un mensaje sobre la importancia que concede al foro multilateral; una ausencia puede tener igualmente una lectura diplomática, aunque sus motivos sean diversos. El episodio Trump-prensa que acompaña la cumbre La Asamblea de este año llega, además, acompañada por una disputa particularmente visible entre la administración Trump y algunos medios estadounidenses. CNN, MS NOW y Politico demandaron al gobierno de Trump después de que sus periodistas fueran excluidos de las instalaciones de la Casa Blanca y sus credenciales fueran desactivadas. Los medios sostienen que la medida vulnera la libertad de prensa y sus derechos constitucionales; la administración sostiene que se trata de una cuestión de acceso y que los medios pueden continuar informando desde fuera de la Casa Blanca. Un juez federal tiene previsto revisar la solicitud de los medios para recuperar el acceso mientras continúa el litigio. El conflicto tiene una consecuencia curiosa precisamente durante la Asamblea General: las principales cadenas de televisión estadounidenses decidieron no sustituir a CNN en la cobertura televisiva compartida del presidente, por lo que la tradicional señal de cámara del llamado White House pool no acompañó a Trump durante su viaje a Naciones Unidas. Otros periodistas sí continúan cubriendo sus actividades. Más que un supuesto “veto de los periodistas a Trump”, se trata, por tanto, de una confrontación entre el gobierno estadounidense y determinados medios, que ahora adquiere una dimensión internacional porque ocurre mientras el presidente participa en uno de los acontecimientos diplomáticos más importantes del año. ¿Qué se espera de la Asamblea? La agenda es extraordinariamente amplia, pero hay varios asuntos que concentran la atención. Primero, las guerras. Oriente Medio y Ucrania estarán entre los principales temas de los discursos y las conversaciones bilaterales. La relación entre Estados Unidos e Irán, la situación de Israel y Palestina y la seguridad regional estarán especialmente presentes. Segundo, la inteligencia artificial. La expansión de esta tecnología y sus efectos sobre la seguridad, la economía y las sociedades se incorporan cada vez más a la agenda de la diplomacia internacional. Tercero, el cambio climático. El programa incluye una reunión de alto nivel sobre acción climática y transición justa, así como otra dedicada específicamente al aumento del nivel del mar. Cuarto, la salud mundial. El 25 de septiembre habrá una reunión de alto nivel sobre prevención, preparación y respuesta ante futuras pandemias. Y, de fondo, aparece una discusión que atraviesa prácticamente toda la organización: cómo recuperar confianza en el sistema multilateral cuando las grandes potencias mantienen profundas diferencias y el Consejo de Seguridad enfrenta constantes bloqueos políticos. Una ONU bajo presión La Asamblea General representa una paradoja de la política internacional contemporánea. Nunca ha existido un foro con una representación global tan amplia, pero al mismo tiempo nunca ha sido tan evidente la dificultad para alcanzar acuerdos entre las principales potencias. En Nueva York estarán sentados frente a frente dirigentes que mantienen guerras, sanciones, disputas comerciales o profundas diferencias ideológicas. Y, sin embargo, todos comparten durante varios días el mismo recinto y participan bajo las mismas reglas de la Asamblea. Ese es, quizá, el verdadero significado de la reunión: la ONU no puede resolver por sí sola todos los conflictos del mundo, pero ofrece uno de los pocos escenarios donde prácticamente todos los gobiernos pueden hablar, negociar y confrontar públicamente sus posiciones. La pregunta que quedará después de esta semana no será solamente qué discursos fueron los más llamativos. Será si los 193 países consiguen convertir algunas de esas palabras en acuerdos concretos. Porque en una Asamblea donde todos tienen un voto, el verdadero desafío no es hablar más fuerte que los demás: es conseguir que suficientes países estén dispuestos a actuar juntos.
9/24/20261 min leer


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