Marcela Lagarde: nombra la violencia transforma la historia

. Por Angélica Telles Rojas Fotos Difusión UAEMEX La entrega del Doctorado Honoris Causa por parte de la Universidad Autónoma del Estado de México a Marcela Lagarde y de los Ríos no es únicamente un reconocimiento académico. Es también un acto político, histórico y social que confirma la profunda huella que el feminismo ha dejado en la transformación democrática de México. En tiempos donde la violencia de género continúa siendo una herida abierta en el país, honrar a Marcela Lagarde significa reconocer a una intelectual que ayudó a darle nombre a aquello que durante décadas permaneció oculto bajo el silencio institucional y cultural. La historia del feminismo mexicano no puede entenderse sin la presencia de Marcela Lagarde. Desde la antropología, la academia y la acción legislativa, su trabajo rompió con la tradición patriarcal que relegaba las experiencias de las mujeres al ámbito privado. Lagarde convirtió la reflexión feminista en una herramienta de análisis social y de transformación política. Lo hizo en un contexto profundamente adverso, donde hablar de violencia machista, desigualdad estructural o derechos sexuales y reproductivos implicaba enfrentar resistencias provenientes del poder político, religioso y cultural. Durante la segunda mitad del siglo XX, el feminismo latinoamericano comenzó a construir nuevas formas de interpretar la realidad de las mujeres. En México, las luchas feministas se intensificaron desde la década de 1970, impulsadas por académicas, activistas y organizaciones civiles que denunciaban la discriminación sistemática, la precarización de la vida femenina y la normalización de la violencia. Fue en ese escenario donde Marcela Lagarde emergió como una de las voces más sólidas y lúcidas del pensamiento feminista contemporáneo. Sus aportaciones conceptuales transformaron el lenguaje político y jurídico del país. Términos como “sororidad”, “cautiverios” y “feminicidio” dejaron de ser nociones académicas para convertirse en herramientas de conciencia colectiva. Particularmente, el concepto de feminicidio resultó decisivo para comprender que los asesinatos de mujeres no eran hechos aislados ni crímenes pasionales, sino la expresión extrema de un sistema estructural de violencia patriarcal. La relevancia de este planteamiento cobró especial fuerza durante las denuncias por los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez a finales de los años noventa y principios de los dos mil. Mientras gran parte del aparato institucional minimizaba la gravedad de los hechos, Lagarde impulsó una lectura crítica que evidenció la responsabilidad del Estado frente a la impunidad y la violencia sistemática contra las mujeres. Gracias a esa lucha intelectual y política, el término feminicidio se incorporó posteriormente al marco legal mexicano y abrió la puerta para la construcción de políticas públicas orientadas a combatir la violencia de género. Su trabajo legislativo también fue fundamental para la creación de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, una de las herramientas jurídicas más importantes en materia de derechos humanos de las mujeres en México. Dicha legislación permitió reconocer que la violencia no es un problema individual ni doméstico, sino una problemática estructural vinculada a relaciones históricas de poder y desigualdad. Pero quizá uno de los mayores legados de Marcela Lagarde sea haber acercado el feminismo a la vida cotidiana de miles de mujeres. Su pensamiento ayudó a comprender que la desigualdad no sólo habita en las instituciones, sino también en las relaciones afectivas, laborales, familiares y culturales. Desde ahí, su obra permitió construir una conciencia colectiva basada en la autonomía, la dignidad y la libertad. Por ello, el reconocimiento otorgado por la UAEMéx posee un profundo significado simbólico. No sólo se distingue a una académica sobresaliente; se reivindica el papel del feminismo dentro de la construcción del conocimiento y la justicia social. Resulta revelador que, de los 62 Doctorados Honoris Causa entregados por la universidad desde 1980, únicamente ocho hayan sido otorgados a mujeres. Esa cifra refleja las persistentes desigualdades de género en los espacios de reconocimiento intelectual y académico. En ese sentido, la ceremonia encabezada por la rectora Martha Patricia Zarza Delgado adquiere una dimensión histórica. Reconocer a Marcela Lagarde implica reconocer también a generaciones enteras de mujeres que desde las aulas, las calles, las organizaciones sociales y los espacios comunitarios han luchado por una sociedad más justa e igualitaria. Las palabras de Lagarde durante su lección magistral resonaron con la vigencia de un feminismo que no busca privilegios, sino condiciones dignas de vida para todas las personas. Su llamado a “reparar el mundo” desde la justicia, el bienestar y la paz colectiva sintetiza una de las grandes aportaciones del pensamiento feminista contemporáneo: entender que la igualdad no es únicamente una demanda de las mujeres, sino una condición indispensable para la democracia y los derechos humanos. En un país donde diariamente persisten las violencias contra mujeres y niñas, reconocer la trayectoria de Marcela Lagarde también representa un acto de memoria y resistencia. Su obra recuerda que nombrar las violencias es el primer paso para combatirlas, y que transformar la realidad requiere convertir el conocimiento en acción colectiva. El Doctorado Honoris Causa otorgado por la UAEMéx no sólo honra a una mujer excepcional; honra la capacidad del feminismo para cambiar la historia.

5/23/20261 min leer

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