Los quelites llegan a la ciudad
Presentan el libro De la Milpa al Fogón, una mirada comunitaria a la comida, la lengua y la tradición Fotos y texto: Angélica Telles Rojas En un esfuerzo por acercar a la ciudad los saberes que nacen en el campo y en la vida comunitaria, se presentó el libro De la Milpa al Fogón, una obra de Isabel Batida Francisca, Dulce María Ávila Nájera y Karla Violeta Pillado Albarrán, que recupera conocimientos tradicionales en torno a la milpa, la cocina y la vida cotidiana de las comunidades rurales. El encuentro reunió a portadoras de saberes comunitarios, así como a autoridades e invitadas especiales. Entre las anfitrionas del evento destacó la presencia de la magistrada Paola Lizzette Acosta Campos, quien acompañó la presentación y reconoció la importancia de generar espacios donde el conocimiento comunitario dialogue con la vida urbana y las instituciones. Durante la presentación, María Labastida Francisca, abuela y portadora de saberes comunitarios, compartió parte de la memoria viva que sustenta el libro. Desde su experiencia explicó cómo las familias que viven en la comunidad mantienen una relación profunda con la tierra y con la milpa, no solo como espacio de producción de alimentos, sino como un sistema de vida donde se construyen relaciones sociales, culturales y espirituales. La milpa, señaló, es mucho más que el cultivo del maíz. Es un proceso colectivo y multidisciplinario en el que participan generaciones enteras. En ella se entrelazan el conocimiento agrícola, la cocina tradicional, la organización comunitaria y la transmisión de la lengua y las costumbres. Alrededor del fogón y en el trabajo del campo se forman las familias, se cuentan historias y se comparten saberes que han pasado de abuelos a nietos. Entre los alimentos que nacen de este sistema se encuentran los quelites, plantas comestibles que forman parte esencial de la dieta tradicional. María Labastida habló de los llamados “quelites del agua”, así como de otros productos del entorno como los acociles y los charales, que complementan la alimentación de las comunidades. Explicó también que la cocina tradicional está ligada al conocimiento del tiempo y del ciclo agrícola: saber cuándo se come cada alimento y en qué etapa del año se aprovecha el maíz según su color y su maduración. Estas prácticas no solo tienen un sentido alimentario, sino también cultural y espiritual. Un ejemplo es la celebración del Día de San José, el 19 de marzo, fecha en la que en algunas comunidades se realiza la renovación y limpieza del fogón, símbolo del hogar y del centro de la vida familiar. El fogón representa el lugar donde se reúne la familia, se prepara la comida y se transmiten las tradiciones. Los tamales también ocupan un lugar central dentro de estas prácticas. Su origen y significado mantienen un vínculo con tradiciones prehispánicas y religiosas. Existen tamales preparados con ingredientes de la milpa, como los de quintonil o de haba, que se elaboran en momentos específicos del año. Durante Semana Santa, por ejemplo, se preparan los llamados tamales de San Ramon, que forman parte de las celebraciones comunitarias. Dentro de estas tradiciones también se conservan relatos y prácticas simbólicas. Se mencionó, por ejemplo, la costumbre de cubrir los ojos de las imágenes de los santos en ciertos momentos del calendario religioso, una tradición que, según la memoria popular, se realiza porque “el diablo anda suelto”, reflejando la mezcla de creencias religiosas y saberes ancestrales. El libro también aborda lo que sus autoras llaman la “cultura del esfuerzo”, entendida como el trabajo colectivo que sostiene la vida comunitaria. A través de la promoción de la comida tradicional y del conocimiento de la milpa, las comunidades buscan fortalecer su identidad cultural y contribuir a la revitalización de la lengua y de las prácticas culinarias. Parte del proyecto incluye trabajo de investigación y parte de la traducción la hizo Lourdes de la Cruz, quien junto con las autoras colaboró en la recuperación de testimonios y saberes ligados a la milpa y al mercado comunitario. Estas investigaciones resaltan la importancia de la familia reunida alrededor del fogón, donde la cocina se convierte en un espacio de aprendizaje y de transmisión cultural. Sin embargo, las autoras también advierten sobre los riesgos que enfrenta este sistema ancestral. Uno de los principales problemas actuales es la expansión del monocultivo, que ha provocado la pérdida gradual del sistema tradicional de milpa. Con ello no solo desaparecen cultivos diversos, sino también conocimientos, palabras y formas de organización comunitaria. La milpa representa biodiversidad, cultura y lengua. Cuando una de sus plantas o prácticas desaparece, también se debilita una parte de la cultura que la sostiene. Por ello, el libro busca recordar la importancia de conservar este sistema agrícola y cultural que durante siglos ha garantizado la alimentación y la identidad de los pueblos. En este contexto, De la milpa al fogón se presenta como una invitación a mirar nuevamente hacia el campo, a reconocer el valor de los alimentos que nacen de la milpa y a reflexionar sobre la importancia de mantener vivas las tradiciones que han dado forma a la vida comunitaria. Porque, como señalan las voces que recoge la obra, cuando se pierde la milpa, no solo se pierde comida: también se pierde historia, lengua y memoria colectiva.
3/12/20261 min leer


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