Higinio, Hegemonía o Monopolio

Angélica Telles Rojas La política mexiquense vive hoy una paradoja peligrosa: quienes llegaron al poder prometiendo acabar con los viejos grupos hegemónicos, hoy reproducen las mismas prácticas de concentración política y control territorial. El llamado “Grupo Texcoco”, encabezado por Higinio Martínez, pasó de ser una corriente opositora al viejo Grupo Atlacomulco a convertirse en uno de los principales centros de poder dentro de Morena en el Estado de México. El ascenso de este grupo no fue casual. Desde Texcoco construyeron una estructura política que logró colocar a figuras clave como Delfina Gómez y Horacio Duarte en posiciones estratégicas. Hoy gobiernan el estado y controlan buena parte de las decisiones políticas, administrativas y electorales del Valle de México. Lo que antes denunciaban como cacicazgo, ahora amenaza con convertirse en una nueva versión del mismo fenómeno: el monopolio del poder bajo otro color partidista Las recientes movilizaciones políticas de Higinio Martínez no dejan espacio para dudas. Bajo el nombre de “Mexiquenses de Corazón”, el senador ha comenzado a exigir espacios, candidaturas y posiciones rumbo a 2027, dejando claro que su grupo busca mantener y ampliar el control territorial dentro de Morena. No es un movimiento ciudadano; es una operación política de sucesión anticipada. Conexión Nacional El problema no es únicamente la aspiración legítima de competir. El problema es la lógica de grupo. Cuando las candidaturas dejan de responder a perfiles ciudadanos y se convierten en cuotas internas de una sola corriente política, la democracia se debilita. El Estado de México no puede pasar del dominio del Grupo Atlacomulco al dominio absoluto del Grupo Texcoco. Cambiar de élite no significa transformar el sistema. Más preocupante aún resulta observar cómo el Valle de México se ha convertido en el principal tablero de esta disputa. Municipios estratégicos como Ecatepec, Nezahualcóyotl, Chimalhuacán, Texcoco, Tultitlán y Chalco son hoy piezas fundamentales en la construcción de poder rumbo a las próximas elecciones. Ahí se concentra la operación política, los programas sociales, la estructura electoral y las futuras candidaturas. El control del Valle ya no es sólo administrativo: es electoral y sucesorio. Las señales son claras. Los eventos masivos, los llamados a “respetar candidaturas”, las alianzas internas y la reaparición pública de liderazgos vinculados al higinismo muestran que el grupo ya se mueve pensando en la siguiente gubernatura. Y cuando un proyecto político comienza a diseñar candidaturas desde la lógica de facción, el riesgo es que el gobierno deje de servir al ciudadano para servir a la permanencia del grupo. Conexión Nacional El Estado de México necesita equilibrio, pluralidad y apertura democrática, no una nueva hegemonía regional disfrazada de transformación. Porque cuando un solo grupo controla gobierno, partido, estructura territorial y candidaturas, el peligro no es solamente político: también es social. Se rompe la competencia interna, se cierran oportunidades a liderazgos distintos y se instala una cultura de obediencia política que termina alejando a la ciudadanía. La alternancia tenía que significar una nueva forma de gobernar, no sólo un relevo de apellidos y corrientes. Hoy el verdadero debate no es si el Grupo Texcoco tiene fuerza política; eso es evidente. La discusión de fondo es si el Estado de México permitirá nuevamente que un solo bloque capture el futuro político de millones de mexiquenses.

5/29/20261 min leer

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