Foro visibilizar la violencia con ácido contra mujeres y exige acción estructural del Estado Zaira cedillo.
Por. Angélica Telles Rojas En un llamado contundente a garantizar espacios seguros y libres de violencia para las mujeres, la Secretaría de la Mujer particupo en el foro en el que se abordó la violencia con sustancias corrosivas como una forma extrema de violencia feminicida, que históricamente ha sido invisibilizada y poco atendida de manera integral. Durante el encuentro, se subrayó que los ataques con ácido no solo provocan daños físicos irreparables, sino que también reflejan una concepción profundamente arraigada: la idea de que el cuerpo de las mujeres puede ser controlado o castigado por otros. Frente a ello, se reafirmó que el cuerpo de las mujeres les pertenece exclusivamente a ellas, y que el Estado tiene la obligación de garantizar sanciones firmes contra los agresores. Se recordó que desde 1988 existen antecedentes documentados de este tipo de violencia en el país, tema retomado recientemente en iniciativas legislativas impulsadas por la diputada Zaira Cedillo. No obstante, pese a la participación de instituciones como la Secretaría de la Mujer, la Comisión de Derechos Humanos y la Secretaría de Salud, se señaló una constante: hay voluntad institucional, pero no recursos suficientes para brindar una atención multidisciplinaria efectiva a las víctimas. Las participantes coincidieron en que la solución no es únicamente jurídica, sino cultural. Se requiere una transformación profunda que incida en la vida cotidiana y desmonte las raíces sociales de la violencia de género. La saxofonista y sobreviviente de ataque con ácido, María Elena Ríos Ortiz, destacó que en el pasado no existía acompañamiento por parte de los poderes judicial y legislativo, y subrayó la importancia de construir redes de apoyo que visibilicen estos casos. También denunció la revictimización y la lentitud de los procesos judiciales, señalando que los múltiples trámites han obstaculizado el acceso a la justicia en su caso. En el foro también se reflexionó sobre el significado histórico de la violencia contra las mujeres, recordando que desde códigos antiguos como el de Hammurabi ya existían castigos corporales que hoy encuentran eco en estas agresiones. Actualmente, además, estas violencias se intersectan con problemáticas como el racismo y la desigualdad. Se enfatizó que la violencia con ácido está reconocida legalmente en pocos países —apenas una docena—, lo que evidencia un rezago global en la atención de este fenómeno. En este sentido, se planteó la urgencia de regular la venta de sustancias corrosivas, crear registros oficiales de agresiones y fortalecer las estadísticas para el diseño de políticas públicas efectivas. Otro punto crítico fue el reconocimiento de las llamadas “co-víctimas”, es decir, familiares y personas cercanas que también enfrentan consecuencias emocionales, económicas y sociales, pero que no son contempladas en los sistemas de atención. Las especialistas insistieron en que estas agresiones no deben ser tratadas únicamente como lesiones, sino como violencias autónomas con efectos permanentes en la vida de las mujeres. Asimismo, propusieron que estos delitos se persigan de oficio, se fortalezcan las capacidades de fiscalías y juzgados con perspectiva de género, y se garantice un enfoque que también considere a niñas y niños afectados. Finalmente, se hizo un llamado a resignificar las cicatrices: “la vergüenza no es de las mujeres, sino de los agresores”, se afirmó, destacando la necesidad de cambiar la narrativa social y mediática que rodea a las víctimas. El foro contó también con la participación de organizaciones civiles como la Fundación Uriel, y puso sobre la mesa la urgencia de pasar del discurso a la acción para erradicar una de las formas más crueles de violencia de género.
4/28/20261 min leer


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