El urbanismo: el negocio más lucrativo sin robar

Por Angélica Telles Rojas texto y foto Pocas actividades económicas tienen la capacidad de generar tanta riqueza de manera legal y sostenida como el urbanismo. Cuando una ciudad crece, cuando una carretera conecta nuevas zonas, cuando llegan servicios públicos, transporte, seguridad e infraestructura, el valor de la tierra se transforma. Esa transformación, conocida como plusvalía, constituye una de las mayores fuentes de generación de riqueza en las sociedades modernas. Sin embargo, el urbanismo no es únicamente una actividad técnica relacionada con calles, viviendas o reglamentos de construcción. Es, sobre todo, una decisión política y económica. Cada modificación a un plan de desarrollo urbano, cada autorización de densidad habitacional, cada cambio de uso de suelo y cada inversión pública en infraestructura puede alterar significativamente el valor de un territorio. Por ello puede afirmarse que el negocio más lucrativo sin recurrir a prácticas ilegales es el desarrollo inmobiliario vinculado al urbanismo. Un terreno agrícola ubicado en la periferia de una ciudad puede multiplicar varias veces su valor cuando una autoridad municipal o estatal determina que esa zona será incorporada al crecimiento urbano. Lo que antes era tierra de bajo rendimiento económico puede convertirse en un activo de enorme valor comercial. La clave de este fenómeno radica en la plusvalía. Ningún propietario genera por sí solo el incremento de valor de su tierra. La plusvalía surge por decisiones colectivas: inversión pública, expansión económica, crecimiento poblacional y planeación urbana. Cuando una ciudad construye vialidades, redes hidráulicas, sistemas de transporte o equipamiento urbano, el valor de los predios cercanos aumenta de forma inmediata. Aquí aparece uno de los grandes desafíos de la política pública. Las autoridades municipales y estatales tienen la responsabilidad de establecer límites claros entre el interés privado y el interés colectivo. La planeación urbana no debe convertirse en un mecanismo para beneficiar a unos cuantos propietarios o desarrolladores mediante decisiones discrecionales. Por el contrario, debe responder a una visión estratégica de largo plazo que garantice desarrollo ordenado, sustentabilidad y bienestar social. Las decisiones políticas sobre el territorio son, en realidad, decisiones económicas de enorme trascendencia. Un cabildo municipal que aprueba un cambio de uso de suelo puede crear millones de pesos en valor inmobiliario con una sola votación. Un gobierno estatal que impulsa una nueva infraestructura regional puede detonar corredores de desarrollo que transformen completamente el mercado de la tierra. Por esa razón, la transparencia y la rendición de cuentas son indispensables. La generación de plusvalía debe estar acompañada de mecanismos que permitan que parte de esa riqueza regrese a la comunidad mediante contribuciones, infraestructura, espacios públicos y servicios urbanos. De otra forma, el beneficio colectivo que origina el aumento de valor termina concentrándose únicamente en manos privadas. El urbanismo moderno debe entenderse como una herramienta de prosperidad compartida. Los desarrolladores inmobiliarios cumplen una función fundamental al invertir, construir y generar empleo. Los gobiernos, por su parte, deben establecer reglas claras y previsibles que otorguen certeza jurídica y fomenten la inversión responsable. Y la ciudadanía debe participar en la definición del modelo de ciudad que desea construir. La historia económica demuestra que las ciudades más exitosas son aquellas que han sabido equilibrar crecimiento, regulación e inversión. Cuando existe una visión estratégica, la plusvalía se convierte en un motor de desarrollo regional, atracción de capital y mejora de la calidad de vida. En definitiva, el urbanismo representa uno de los negocios más rentables y transformadores de nuestro tiempo. No porque explote recursos finitos ni porque dependa de prácticas especulativas, sino porque tiene la capacidad de crear valor a partir de la organización inteligente del territorio. La verdadera riqueza no está solamente en la tierra, sino en las decisiones que determinan cómo esa tierra se integra al futuro de una ciudad. Ahí es donde el urbanismo se convierte en el gran multiplicador de valor y en una de las actividades económicas más poderosas de la sociedad contemporánea.

6/7/20261 min leer

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