El sindicalismo docente ante el desafío de defender la educación
* En el foro sobre los desafíos y oportunidades del sindicalismo en las Escuelas Normales, Jenaro Martínez y Sylvia Schmelkes colocan en el centro del debate la materia de trabajo de los maestros: enseñar y garantizar aprendizajes IXTAPAN DE LA SAL, ESTADO DE MÉXICO.— El futuro del sindicalismo magisterial no puede discutirse al margen del futuro de la educación. Ésa fue una de las ideas que atravesaron el foro “Desafíos y oportunidades del sindicalismo en las Escuelas Normales Públicas Estatales”, espacio en el que la representación del Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México (SMSEM), encabezada por el profesor Jenaro Martínez Reyes, abrió la discusión sobre el papel que debe asumir el magisterio frente a los retos de la escuela pública. El encuentro adquirió particular relevancia por realizarse en el contexto del primer foro internacional de educación organizado por el Gobierno del Estado de México, con la participación de la especialista Sylvia Schmelkes, cuya conferencia magistral llevó la discusión más allá de las reivindicaciones laborales para colocar una pregunta esencial: ¿para qué existe la educación? La respuesta parece sencilla, pero tiene profundas implicaciones políticas, sindicales y pedagógicas: para enseñar y para que los estudiantes aprendan. Desde esa perspectiva, reconocer la materia de trabajo de los docentes significa entender que la defensa del magisterio no puede separarse de la defensa del derecho de niñas, niños y jóvenes a recibir una educación que les permita aprender lo fundamental. Acceso, permanencia y calidad: el verdadero desafío El debate educativo ha puesto durante años el acento en ampliar la cobertura. Que todos tengan acceso a la escuela es, sin duda, una condición indispensable. Pero el acceso por sí solo no garantiza el derecho a la educación. Después viene un segundo desafío: la permanencia. Que los estudiantes permanezcan en las aulas supone enfrentar condiciones sociales, económicas y educativas que pueden provocar abandono escolar. Pero incluso permanecer tampoco es suficiente si la experiencia educativa no produce aprendizajes. El tercer componente es, por ello, la calidad de la educación, entendida no solamente como infraestructura, indicadores o resultados administrativos, sino como la capacidad real de la escuela para enseñar y lograr que sus alumnos aprendan. Y ahí se encuentra el punto de encuentro entre educación y sindicalismo. Defender al maestro también es defender su materia de trabajo La discusión planteada en el foro permite mirar al sindicalismo desde una perspectiva distinta. La defensa de los derechos laborales, salariales y profesionales de los maestros constituye una responsabilidad fundamental de las organizaciones sindicales; sin embargo, existe una dimensión adicional: defender las condiciones que hacen posible enseñar. Un maestro con derechos, estabilidad, preparación y condiciones dignas de trabajo tiene mejores posibilidades de desarrollar su tarea educativa. Por eso, defender al docente y defender el aprendizaje no son objetivos contrapuestos. Son parte de una misma responsabilidad. El reto consiste en construir un sindicalismo capaz de mantener la legítima defensa de sus trabajadores y, al mismo tiempo, participar activamente en la discusión de las políticas educativas, la formación inicial, la actualización profesional y las condiciones en las que se desarrolla el proceso de enseñanza-aprendizaje. Las normales, donde comienza el futuro del magisterio Que esta discusión se produzca en torno a las Escuelas Normales Públicas Estatales no es un asunto menor. En las normales se forman los profesores que estarán al frente de las aulas durante las próximas décadas. Lo que ahí se discuta sobre profesión docente, ética, formación pedagógica, derechos laborales y responsabilidad social tendrá consecuencias directas en las escuelas. De ahí que el sindicalismo tenga ante sí una oportunidad: participar en la construcción de una nueva cultura profesional en la que el maestro sea reconocido no sólo como trabajador con derechos, sino como actor central del proceso educativo. La pregunta ya no es únicamente qué obtiene el docente de su organización sindical, sino también qué puede aportar el sindicalismo a la construcción de una mejor escuela pública. Una definición política del sindicalismo educativo La presencia de Jenaro Martínez en el encuentro representa también una definición sobre el papel que puede jugar el SMSEM en esta etapa: pasar de una agenda exclusivamente laboral a una agenda en la que los derechos del magisterio y el derecho a la educación se reconozcan como parte de una misma discusión pública. Esto implica hablar de salarios y prestaciones, pero también de formación docente; de condiciones laborales, pero también de infraestructura y materiales; de estabilidad, pero también de aprendizaje; de representación sindical, pero también de responsabilidad social. La educación, en ese sentido, no puede reducirse a cifras de cobertura. Acceder, permanecer y aprender constituyen una cadena inseparable. El desafío: volver a lo esencial En medio de reformas, modelos educativos, debates políticos y transformaciones sociales, el foro puso sobre la mesa una cuestión que corre el riesgo de perderse entre la complejidad del sistema: la escuela existe para enseñar. Y el maestro es el principal protagonista de esa tarea. Reconocer la materia de trabajo docente significa, entonces, colocar nuevamente la enseñanza y el aprendizaje en el centro de la conversación educativa y sindical. El desafío para el sindicalismo del presente no consiste únicamente en defender conquistas históricas. También consiste en preguntarse qué escuela pública se quiere construir y qué condiciones necesita un maestro para cumplir con su responsabilidad. El acceso abre la puerta. La permanencia mantiene al estudiante dentro de ella. Pero el aprendizaje es el propósito final. Y en esa tarea, la defensa de los derechos de los maestros y la defensa de la educación pública pueden encontrarse en un mismo punto: garantizar que enseñar vuelva a ser, como debe ser, el centro de la profesión docente y de toda política educativa.
9/13/20261 min leer


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