Durban, 25 años después: memoria, lucha y futuro de los pueblos afrodescendientes

Por Angélica Telles Rojas A 25 años de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, celebrada en Durban, Sudáfrica, la agenda afrodescendiente continúa siendo una disputa política por la memoria, el reconocimiento, los derechos y la justicia social. En septiembre de 2001, Durban se convirtió en un punto de inflexión para los movimientos afrodescendientes de América Latina y el Caribe. Aquella conferencia no fue solamente un encuentro diplomático de gobiernos y organismos internacionales: fue también el resultado de décadas de organización, resistencia y movilización de pueblos que habían denunciado que el racismo no constituía un problema del pasado, sino una estructura vigente que continuaba determinando oportunidades, condiciones de vida, representación política y acceso a derechos. La Declaración y el Programa de Acción de Durban colocaron en el centro del debate internacional el reconocimiento de las personas afrodescendientes como sujetos de derechos y señalaron la necesidad de combatir las consecuencias históricas de la esclavitud, la trata transatlántica y el colonialismo. Para los movimientos sociales, aquello significó abrir una nueva etapa: pasar de la invisibilización y la negación a la exigencia de reconocimiento, políticas públicas, reparación y participación política. México: de la invisibilidad al reconocimiento afromexicano En México, la historia de las poblaciones de origen africano ha permanecido durante siglos en una zona de profunda invisibilidad. La presencia africana forma parte de la construcción histórica del país desde el periodo colonial, cuando miles de personas africanas fueron trasladadas forzosamente a la Nueva España y participaron en la economía minera, agrícola, ganadera, doméstica y urbana. Sin embargo, durante buena parte de la construcción del Estado mexicano predominó una narrativa nacional que privilegió la idea de una nación mestiza y relegó las contribuciones y la existencia política de las poblaciones afrodescendientes. La agenda de Durban contribuyó a fortalecer un lenguaje internacional de derechos desde el cual las organizaciones afromexicanas pudieron disputar esa invisibilidad. El reconocimiento constitucional de las personas, comunidades y pueblos afromexicanos representó un cambio histórico: aquello que durante generaciones había sido negado o reducido a una cuestión cultural pasó a ser también una cuestión de derechos colectivos, representación y justicia. Pero el reconocimiento jurídico no elimina por sí mismo las desigualdades. El desafío consiste en convertir los derechos reconocidos en condiciones materiales de vida: acceso igualitario a educación, salud, vivienda, empleo digno, infraestructura, justicia, participación política y desarrollo económico. Racismo y economía: una desigualdad que también se expresa en el territorio Hablar de racismo implica hablar también de economía. Las consecuencias históricas de la esclavitud y del colonialismo no desaparecieron con la abolición de la esclavitud ni con la independencia de los Estados latinoamericanos. Muchas comunidades afrodescendientes continúan enfrentando desigualdades territoriales, precariedad laboral, menor acceso a servicios públicos y obstáculos para participar en condiciones de igualdad en los espacios donde se toman las decisiones económicas y políticas. En México, esta realidad adquiere una dimensión territorial particularmente importante en regiones de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca, así como en otros territorios donde existe presencia afromexicana. Por ello, la discusión sobre Durban no puede limitarse al reconocimiento simbólico. Una evaluación crítica debe preguntar cuánto han cambiado realmente las condiciones económicas y sociales de las comunidades afrodescendientes después de 25 años de agenda internacional contra el racismo. La pregunta central es inevitable: ¿de qué sirve el reconocimiento si no se traduce en redistribución, oportunidades y poder de decisión? Durban y la disputa por la representación política Uno de los grandes efectos de la agenda de Durban ha sido la transformación del lenguaje político. La población afrodescendiente dejó de ser considerada únicamente como objeto de políticas asistenciales para reivindicarse como sujeto político, con capacidad para definir sus propias agendas. Ese cambio también modificó la relación entre los movimientos sociales y los Estados. La lucha pasó a exigir censos y estadísticas que permitieran conocer la realidad afrodescendiente; políticas públicas específicas; representación en los espacios legislativos; mecanismos contra la discriminación; reconocimiento de derechos colectivos; participación en las decisiones que afectan los territorios y medidas para enfrentar las desigualdades estructurales. En México, el reconocimiento constitucional de la población afromexicana constituye uno de los resultados más significativos de este largo proceso. Sin embargo, el reconocimiento legal debe ser entendido como un punto de partida y no como el final de la lucha. La verdadera prueba de cualquier política antirracista está en su capacidad para transformar la vida cotidiana. No permitir que el olvido se convierta en una política A 25 años de Durban, recordar es también una forma de hacer política. La memoria permite reconocer que los avances actuales no surgieron espontáneamente. Detrás de cada reforma, cada reconocimiento y cada espacio de representación existen generaciones de mujeres y hombres afrodescendientes que organizaron comunidades, construyeron movimientos, produjeron pensamiento, enfrentaron instituciones discriminatorias y colocaron el racismo en la agenda pública. Por eso, recuperar las voces de quienes participaron en aquellas luchas resulta indispensable. El olvido puede convertirse en una herramienta política cuando permite presentar los derechos conquistados como concesiones del poder y no como resultado de décadas de movilización social. El nuevo escenario: ultraderecha, racismo y democracia El aniversario de Durban ocurre además en un contexto internacional marcado por el crecimiento de discursos ultranacionalistas, xenófobos y racistas. La disputa por los derechos de las poblaciones afrodescendientes vuelve a encontrarse con discursos que pretenden reducir la diversidad social, cuestionar las políticas de igualdad y presentar la lucha contra la discriminación como un privilegio o una amenaza. Frente a ese escenario, las luchas afrodescendientes enfrentan una tarea doble. Por un lado, defender los derechos conquistados. Por otro, construir una agenda renovada capaz de responder a problemas que hace 25 años tenían otra dimensión: las nuevas formas de precarización laboral, la desigualdad territorial, el desplazamiento, la crisis climática, la disputa por los recursos naturales, la violencia, la representación política y las nuevas expresiones del racismo. La experiencia de Durban deja una enseñanza fundamental: ningún derecho conquistado permanece garantizado si las sociedades dejan de organizarse para defenderlo. Mirar hacia adelante El balance de estos 25 años no puede ser triunfalista, pero tampoco puede desconocer los avances. Hay conquistas jurídicas, institucionales y políticas que antes parecían imposibles. Existe una mayor visibilidad de los pueblos afrodescendientes y una generación de organizaciones, intelectuales, activistas y dirigentes que han logrado colocar sus demandas en las agendas nacionales e internacionales. Pero persisten enormes desafíos. El futuro inmediato exige pasar del reconocimiento a la implementación; de la visibilidad a la redistribución; de la representación simbólica a la participación efectiva; y de las declaraciones contra el racismo a políticas públicas capaces de modificar sus estructuras económicas, sociales y culturales. En ese sentido, mirar Durban desde México y desde América Latina significa preguntarnos qué hemos aprendido, qué hemos conquistado y qué nos falta por construir. Porque la lucha contra el racismo no pertenece únicamente a la memoria: es una disputa vigente por la democracia, la igualdad y el futuro. En este contexto se realizará el conversatorio “Conferencia de Durban: 25 años de lucha contra el racismo y la discriminación racial – Balance crítico”, convocado por el espacio de diálogo y reflexión El Conjuro de las Estrellas, con la participación de voces fundamentales del movimiento afrodescendiente latinoamericano. Participarán Lucía Dominga Molina, afrodescendiente argentina y fundadora de la Casa de la Cultura Indo-Afro-Americana “Mario Luis López”; Jesús Chucho García, escritor, activista afrovenezolano y defensor de los derechos de África y su diáspora; María Alexandra Ocles, exasambleísta constituyente y exministra de Pueblos, Movimientos Sociales y Participación Ciudadana de Ecuador; y Jorge Romero Rodríguez, intelectual afrodescendiente y miembro fundador de Mundo Afro, Uruguay. La cita es este jueves 10 de septiembre de 2026, a las 18:00 horas de Colombia; 17:00 horas de México y 20:00 horas de Argentina, a través del canal de YouTube de la Escuela IFPP. El desafío sigue siendo el mismo, aunque el contexto haya cambiado: recuperar la memoria, defender los derechos conquistados y construir las nuevas herramientas de una lucha antirracista para el siglo XXI. Porque, como plantea la convocatoria: “Es necesario desaprender lo colonialmente aprendido, para aprender lo desalienantemente desconocido”.

9/13/20261 min leer

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