Bienestar animal: entre el discurso político y la realidad veterinaria en el Estado de México

Por Angélica Telles Rojas En el Estado de México, hablar de bienestar animal se ha convertido en un tema recurrente dentro del discurso político. La gobernadora Delfina Gómez Álvarez ha señalado en distintas ocasiones la importancia de proteger a los animales y fortalecer políticas relacionadas con el trato digno, la protección ambiental y la salud pública. Sin embargo, más allá de los anuncios y las cifras generales, la pregunta sigue siendo inevitable: ¿cuánto presupuesto llega realmente al bienestar animal y cuáles son los resultados visibles para la población y para los médicos veterinarios que enfrentan diariamente esta crisis? Aunque el gobierno mexiquense ha informado aumentos presupuestales dentro del eje de “Bienestar ambiental y acceso universal al agua”, los recursos destinados específicamente a campañas de esterilización, hospitales veterinarios públicos, capacitación médica y programas permanentes de atención animal permanecen poco claros dentro de los desgloses oficiales. La realidad en calles, refugios y jornadas veterinarias muestra otra cara. Municipios con sobrepoblación de perros y gatos, campañas saturadas, falta de medicamentos, escasez de anestésicos y personal insuficiente son escenas comunes que reflejan una problemática estructural que no puede resolverse únicamente con discursos institucionales. Médicos veterinarios y rescatistas independientes trabajan frecuentemente bajo presión, atendiendo grandes cantidades de animales con recursos limitados y, en algunos casos, con equipo insuficiente. La falta de capacitación continua y apoyo económico también representa un desafío importante para el sector, especialmente en municipios donde el bienestar animal no figura como prioridad presupuestal. Mientras tanto, miles de familias no pueden costear servicios veterinarios privados, lo que incrementa el abandono, la reproducción descontrolada y las enfermedades no atendidas. Refugios y asociaciones civiles continúan absorbiendo gran parte de la problemática sin respaldo económico estable, dependiendo de donaciones y esfuerzos voluntarios. El bienestar animal no debería entenderse únicamente como una causa social o de sensibilidad pública. También es un tema de salud pública. El control sanitario, la prevención de zoonosis, las campañas de vacunación y la esterilización forman parte de una estrategia integral que impacta directamente en la seguridad y salud de las comunidades. La crítica no se centra solamente en cuánto dinero se anuncia, sino en la falta de transparencia sobre cómo se distribuyen esos recursos y qué impacto generan realmente. Porque mientras los presupuestos crecen en el papel, en muchas clínicas, refugios y campañas veterinarias la precariedad sigue siendo la misma. Hoy, el Estado de México enfrenta la oportunidad de demostrar que el bienestar animal puede convertirse en una política pública seria y permanente, y no solamente en un tema de agenda mediática. La protección animal requiere inversión real, capacitación profesional, infraestructura veterinaria y estrategias sostenidas a largo plazo. De lo contrario, el bienestar animal seguirá siendo una promesa políticamente rentable, pero insuficiente para responder a la realidad que enfrentan diariamente miles de animales y quienes luchan por protegerlos.

5/28/20261 min leer

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