🟢🟡 Luz, sombra y memoria: Lázaro Hernández López, 25 años fotografiando la esencia de la UAEMéx

• De una infancia marcada por la contemplación y la adversidad, construyó una mirada capaz de encontrar significado en cada imagen y convertirla en testimonio. • Con 25 años en la UAEMéx, su lente ha documentado la vida universitaria desde la intuición, la disciplina y una profunda conexión con las personas. Toluca, Méx. – 6 de abril de 2026. La historia de Lázaro Hernández López, fotógrafo de la Dirección General de Comunicación Social Universitaria de la Universidad Autónoma del Estado de México, va más allá de una sólida trayectoria profesional: en ella habita una forma de mirar el mundo que comenzó mucho antes de sostener una cámara. Su vida, como él mismo la describe, es una fotografía contrastada: luces intensas, sombras profundas y una constante búsqueda de sentido. Nació en 1971 en San Mateo Otzacatipan, comunidad originaria de Toluca. Llegó al mundo en la casa de sus abuelos, asistido por una comadrona, como era habitual en la época. Su infancia transcurrió lejos de las aulas formales, pero profundamente vinculada a la naturaleza, que sería su primera escuela visual. “Aprendía de lo que veía”, recuerda. Y lo que veía era vasto: cielos abiertos, insectos diminutos, flores vibrantes, el movimiento de las nubes. Mientras otros niños iniciaban su educación en salones, él se formaba en el silencio de la observación. Esa contemplación temprana moldeó su sensibilidad. Del campo a la ciudad: el contraste que marcó su carácter A los seis años, su vida cambió de encuadre. Dejó el entorno rural para instalarse en una zona urbana cercana a la Rectoría de la UAEMéx. El contraste fue radical: de la amplitud del campo a la estrechez de dos habitaciones compartidas con una familia extensa. El cambio no fue solo físico. En la escuela primaria enfrentó discriminación por su origen. “Me decían que era de pueblo, indígena”, relata. A esto se sumaron carencias económicas y episodios de desnutrición que afectaron su desempeño académico. Sin embargo, esa etapa sembró en él una necesidad profunda de superación. Comenzó a leer, a observar, a aprender por su cuenta. Como hijo mayor de cinco hermanos, asumió responsabilidades desde muy joven. En ese contexto, encontró una disciplina formativa inesperada: la lucha libre. Entre máscaras y caídas: la lucha libre como escuela de vida Influenciado por su padre —albañil, reportero gráfico y luchador— creció entre arenas y entrenamientos. Participó como réferi y posteriormente como luchador bajo personajes como Arlequín y Virus. Aunque su complexión era delgada, su determinación lo llevó a exigirse al máximo. La lucha libre le enseñó resistencia, disciplina y fortaleza emocional. Aprendió a caer y levantarse, a enfrentar el miedo, a persistir. Una cámara como destino inesperado La fotografía llegó por necesidad. A los 18 años, ante la falta de recursos, abandonó sus estudios en la preparatoria de la UAEMéx y aceptó un trabajo como reportero gráfico, sin experiencia previa. Su primer encargo fue cubrir una gira del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari. Aprendió lo básico en minutos, antes del evento. A pesar de ello, logró capturar imágenes significativas. Había en él una intuición visual difícil de enseñar. Desde entonces, la cámara se convirtió en su lenguaje. Aprender mirando: el instinto detrás del encuadre Para Lázaro, fotografiar no es solo registrar, sino revelar. Busca emociones, historias ocultas en las miradas. Cree que en los ojos habita todo: la tristeza, la alegría, la tensión. También encontró fascinación en los detalles: texturas, sombras, elementos mínimos. En ello hay un eco de su infancia, de ese niño que observaba con asombro el mundo natural. Su carrera lo llevó a distintos escenarios: medios de comunicación, eventos políticos, deportivos y situaciones de riesgo. Fotografiar desde el riesgo: la emoción de las alturas Entre sus experiencias más intensas está la fotografía aérea. Antes de la era de los drones, trabajó desde helicópteros, sujeto con arnés y medio cuerpo fuera de la nave. “Son emociones muy fuertes”, afirma. Pero también representan el tipo de vida que soñó desde niño: dinámica, desafiante, lejos de la monotonía. La UAEMéx como hogar y universo visual En 2001, se integró a la Universidad Autónoma del Estado de México. Para él, fue más que un empleo: un espacio de pertenencia. “La universidad tiene de todo”, dice. Ciencia, arte, cultura, deporte. Un universo inagotable de historias. Durante 25 años, ha documentado la vida universitaria con una mirada cercana, humana. Más allá de las imágenes, ha construido vínculos. Es reconocido por su trato amable y su cercanía con la comunidad. Del rollo al píxel: adaptación y liderazgo tecnológico Vivió la transición de la fotografía análoga a la digital. Lejos de resistirse, se formó de manera autodidacta, dedicando largas jornadas a aprender nuevas herramientas. Impulsó la modernización del área fotográfica universitaria, contribuyendo a una transformación técnica y metodológica. Familia, sacrificio y legado Su vida personal refleja la misma entrega. Reconoce los sacrificios, especialmente el tiempo lejos de su familia. Sin embargo, su esposa e hijos han sido su respaldo constante. Sus hijos, Diego y Ángel, representan uno de sus mayores orgullos. Él, que retomó estudios en la adultez, ha procurado que ellos accedan a oportunidades educativas que él no tuvo. A los 19 años tomó una decisión crucial: reunir a sus hermanos y asumir un rol casi paterno. Fue un acto de responsabilidad que definió su carácter. También enfrentó etapas difíciles, de incertidumbre emocional. En el deporte, particularmente correr, encontró equilibrio y claridad. Luz, sombra y sentido Hoy, al mirar su vida, entiende que cada experiencia ha contribuido a su formación. En la universidad, su trabajo se traduce en reconocimiento, afecto y comunidad. Si su historia fuera una imagen, sería contrastada: sombras profundas, pero siempre atravesadas por la luz. Y si tuviera título, sería claro: “La vida vale la pena vivirse”. No es solo una frase. Es la síntesis de una vida observada, enfrentada y, sobre todo, comprendida.

4/8/20261 min leer

photo of white staircase
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